Tras su lanzamiento en 2022, la serie de Netflix Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer ascendió rápidamente hasta convertirse en la segunda producción en inglés más vista de la plataforma en la historia. El público pasó incontables horas paralizado, inmerso en la atmósfera palpable y amarga del Apartamento 213.
Sin embargo, esta audiencia sin precedentes estuvo acompañada de críticas sustanciales. Los familiares de las víctimas alegaron que los creadores estaban facilitando la retraumatización, mientras que plataformas como TikTok estaban saturadas de contenido en el que los adolescentes 'romantizaban' al perpetrador, como lo retrata Evan Peters.
¿Por qué, tres décadas después de la desaparición del 'Monstruo de Milwaukee', esta narrativa continúa imponiendo tal fijación social? Además, ¿dónde está la demarcación entre la curiosidad sociológica y la obsesión patológica?
La banalidad del mal en el apartamento 213
Jeffrey Dahmer no era un genio maligno arquetípico en la línea de un Hannibal Lecter ficticio, ni construyó cifrados elaborados similares al Asesino del Zodíaco. El profundo terror de su narrativa proviene de una fuente diferente: su sombría y patética mundanidad.
Entre 1978 y 1991 asesinó a 17 jóvenes y niños. La mayoría de estos homicidios ocurrieron en los Apartamentos Oxford, situados dentro de un grupo demográfico predominantemente afroamericano, donde Dahmer, un hombre blanco, evadió sistemáticamente el escrutinio policial.
'Esto trasciende el mero perfil de un asesino en serie; es fundamentalmente una narrativa de fracaso social sistémico. El público observa con la inútil esperanza de que, esta vez, las autoridades intervendrán de forma adecuada.'
El fracaso sistémico más atroz se produjo el 27 de mayo de 1991. Konerak Sinthasomphone, de catorce años, huyó con éxito de la residencia de Dahmer. Vecinas preocupadas alertaron a las autoridades. Sin embargo, los agentes que respondieron cedieron ante la conducta serena del sospechoso blanco por encima de las súplicas urgentes de las mujeres de minorías, y en consecuencia devolvieron al adolescente a su asesino.
La psicología del espectador: ¿hibristofilia o instinto evolutivo?
Los marcos psicológicos delinean tres catalizadores principales para el consumo de medios True Crime:
- 1. Preparación Evolutiva. Al analizar el comportamiento depredador, los individuos adquieren inconscientemente herramientas cognitivas para evitar amenazas.
- 2. La sombra junguiana. Interactuar con la criminalidad a través de una lente mediada permite una integración segura con las facetas más oscuras de la psique humana, desprovistas de malevolencia real.
- 3. Hibristofilia. Una parafilia pronunciada caracterizada por la atracción sexual hacia personas que han cometido atrocidades, un fenómeno que experimentó un marcado resurgimiento después del debut de la serie.
Mientras estuvo encarcelado, Dahmer recibió voluminosa correspondencia de admiradoras. La socióloga Sheila Isenberg plantea que este comportamiento surge de un imperativo psicológico de 'domesticar a la bestia', una manifestación de un complejo de salvadora femenina en el que el individuo cree que posee la capacidad singular de rehabilitar al monstruo.